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El Discernimiento Critiano

Fecha: 09/09/2025

 

EL DISCERNIMIENTO

HERMANA CAROLINA ACUÑA

HIJAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA MISERICORDIA

PROVINCIA RELIGIOSA DE SAN JOSE

 

“Tengo un solo deseo:

Evitar todo pecado,

Ser útil a mi prójimo

Y llegar a ser santa”

(Sta. María Josefa Rossello)

 

Fruto: tener claridad de los elementos básicos del discernimiento de espíritus propuesto por San Ignacio de Loyola.

 

Introducción

-La sociedad de consumo confunde nuestros sentidos con respecto a lo que realmente es importante para alcanzar una vida plena.

-Necesitamos nuevos criterios que ayuden a definir lo que nos conduce a la plenitud humana, lo que dicen las normas no son suficientes.

-Necesitamos herramientas que nos ayuden a perseverar y profundizar en el seguimiento a Jesús.

-El seguimiento a Jesús implica crecer en la capacidad de amar y necesitamos de una metodología que nos ayude a crecer en libertad para más amar con corazón misericordioso.

 

Elementos básicos del discernimiento

La Espiritualidad Ignaciana nos ofrece un método o camino para encontrar en nuestra vida la voz de Dios: el discernimiento espiritual. Con él, podemos separar las invitaciones del Buen espíritu y del Mal espíritu.

 

I. Los estados espirituales

a)        Consolación. "Llamo consolación cuando en el alma se produce alguna moción, con la cual viene el alma a inflamarse en amor de su Creador sobre toda criatura. También cuando se derraman lágrimas que mueven a amar a su Señor, por el dolor de los pecados, o por su sufrimiento, o por aquello que esté en orden a su servicio. Finalmente llamo consolación a todo aumento de amor, esperanza y caridad y toda alegría interna que llama y atrae a cosas celestiales y a la propia salud de su alma, aquietándola y pacificándola en Dios.” [EE316] La consolación se da cuando la persona sigue las invitaciones del Buen espíritu.

b)        Desolación. Es todo lo contrario a la consolación. En ella, el alma se encuentra confundida, oscura, turbada, inclinada a cosas que le dañan, a apegos que no la ayudan a realizarse. Siente inquietud de varias agitaciones, moviendo a desconfianza, sin esperanza, sin amor, "hallándose el alma toda perezosa, tibia, triste y como separada de Dios". En la desolación la persona sigue las invitaciones del Mal espíritu.

 

 

II. Las mociones y las tretas

Hay movimientos internos en la persona, los cuales constan de un sentimiento, una idea y una intención. Son producidos por Dios o por su contrario, y nos dejan en libertad de seguir a uno u otro. Estos movimientos internos pueden llevarnos a la consolación o la desolación. Llamamos mociones a los movimientos internos que nos conducen a la consolación: son momentos de claridad, certezas, intuiciones que dan rumbo en la vida, etc. Y llamamos tretas a los movimientos internos que nos conducen a la desolación: son engaños que hacen confundirnos, desanimarnos o minar nuestro compromiso a largo plazo.

 

En las personas que van "de bien en mejor, subiendo" en el servicio de Dios y sus hermanos, "es propio del mal espíritu morder (con escrúpulos), entristecer y poner obstáculos, inquietando con falsas razones para que no pase adelante; y en ellas es propio del buen espíritu dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando todos los impedimentos para que le siga en el buen obrar". [EE315].

 

 

III. Reglas para la DESOLACIÓN

 

a) ¿Por qué caemos en la Desolación? Hay tres causas principales:

            1. La Primera es por ser tibios, perezosos o descuidados en nuestras actividades (especialmente aquellas que nos alientan a construir nuestra vida con sentido), y así, por vivir a medias se aleja la Consolación Espiritual de nosotros.

            2. La Segunda, para que seamos realistas y no creamos que todo va a ser siempre sencillo y grato, ni nos ilusionemos con entusiasmos frágiles y pasajeros. O porque necesitamos trabajar algo en nuestro interior que nos cuesta trabajo, pero que apunta a un mejor y mayor servicio a todos. No sería una desolación radical.

            3. La Tercera es para que reconozcamos que toda Consolación es don y gracia de Dios, y en ninguna otra cosa pongamos nuestra esperanza. Esto sucede porque algunas veces nos desubicamos y nos atribuimos a nosotros o a alguna otra persona o cosa la Consolación Espiritual (EE322).

 

b) ¿Qué hacer en la Desolación?

            1. En tiempo de Desolación nunca cambiar las decisiones ya tomadas en momentos mejores. Más bien mantenerse firme y constante en tales propósitos y determinaciones. Porque así como en la Consolación hay claridad para señalarse un buen rumbo, en la oscuridad y confusión de la Desolación nos falta la libertad para hacerlo; en esta situación es muy difícil tomar decisiones acertadas [EE318].

            2. Actuar directamente contra la Desolación dedicando más empeño y tiempo a los diversos ejercicios espirituales, como a la reflexión o al examinar detenidamente la conciencia, buscando la causa de la desolación. Procurar alguna molestia externa para ir más en contra de los movimientos desolatorios que lo invaden a uno por dentro. [EE319].  Evitar autocomplacerse o dejarse llevar. "El que cede poco, cede poco a poco.”

            3. Ser Pacientes, confiados y poner medios. En un estado de Desolación uno ha de ser consciente de lo débil que es; pero al mismo tiempo esté seguro de que es capaz de salir adelante por difícil que parezca pues, aunque no sienta claramente el auxilio del Señor, éste siempre le está presente. [EE320].  Y al mismo tiempo piense que las Desolaciones son pasajeras y no suelen durar cuando se ponen los medios pertinentes en su contra, como se dijo ya en la regla anterior [EE321].

 

c) Tres estrategias del mal espíritu:

1.         Se comporta perrito chihuaha: es débil cuando se le enfrenta con fuerza y fuerte cuando se le enfrenta con debilidad.

2.         Se comporta como un "don Juan", pues quiere mantenerse secreto  y hacer que la persona no platique sus mociones desolatorias (tretas).

3.         Como un estratega militar, que busca la parte más débil o fuerte de su oponente (miedos, heridas personales, traumas, orgullos, triunfos, capacidades) para por ahí vencerle.

 

III. Reglas para la CONSOLACIÓN

a) ¿Qué hacer ante la consolación?

1. Reconocer que viene de Dios y agradecerla. Recibirla con gratitud y humildad. Dedicar tiempo a agradecer en oración y ponerla en obras concretas para bien de todos.

2. Pedir que se interiorice en nosotros, es decir, que permanezca para siempre.

3. Renovar nuestros deseos fundamentos.

4. Tomar fuerzas y prever qué hacer ante una próxima desolación. Registrar las decisiones y actitudes que estoy tomando en consolación y anotarlo para cuando venga alguna desolación.

 

 

REGLAS DEL DISCERNIMIENTO (Texto de EE)

 

313. AVISOS PARA INTERPRETAR Y MANEJAR LOS MOVIMIENTOS DE DENTRO DE UNO MISMO, APROPIADOS PARA PRIMERA SEMANA

 

314. 1. Quien va sin libertad ni rumbo en la vida se suele contentar con éxitos y placeres imaginarios y falsos, con los que se siente bien y seguro en su desvío y avanza más en él; y al contrario: se inquieta y preocupa cuando atiende a su conciencia y razona.

 

315. 2. A la inversa: quien empieza a dominarse a sí mismo y a ser libre y vivir con rumbo en su vida, a veces se inquieta o desanima por temores infundados y dificultades imaginarias o falsas amenazas; y encuentra tranquilidad y ánimo al sentir claridad y fortaleza para seguir adelante en su camino.

 

316. 3. Son positivos los movimientos interiores que lo entusiasman a uno por lo definitivamente importante o lo llevan a querer ser libre y no vivir atado o a desear encaminarse con buen rumbo; por ejemplo, la confianza, la alegría y el empeño y gusto en lo que tiene que ver con nuestro destino, que dejan dentro de uno sentimientos de tranquilidad y de paz.

 

317. 4. Se dan también movimientos interiores y estados de ánimo negativos, como de oscuridad y confusión, de caos interior, de desconfianza, desánimo y flojera para todo lo que tiene que ver con tomar en serio la vida, con sensaciones de absurdo y de que no vale la pena y con impulsos a olvidarse de todo esto y refugiarse en lo contrario; y entonces le vienen a uno pensamientos contrarios a los que le vienen cuando se siente en estados de ánimos positivos.

 

318. 5. En estos estados interiores negativos no se deben cambiar las decisiones ya tomadas antes en momentos mejores; porque, como en éstos hay claridad para señalarse un buen rumbo, así en los otros hay oscuridad, confusión y falta de libertad para hacerlo.

 

319. 6. En estas situaciones negativas es muy provechoso actuar directamente contra ellas, dedicando más empeño y tiempo a los diversos ejercicios, como a la reflexión o al vigilarse a sí mismo, y evitando buscar complacerse o dejarse llevar, o hasta procurándose alguna molestia externa por ir más en contra de los movimientos negativos que lo invaden por dentro.

320. 7. En un estado negativo uno ha de ser consciente de lo débil que es; pero al mismo tiempo ha de estar seguro de que es capaz de salir adelante, por difícil que parezca.

 

321. 8. En esas situaciones ayuda a esforzarse en aguantarlas con paciencia, y al mismo tiempo pensar que son pasajeras y no suelen durar, luchando contra ellas como el aviso 6 se dice.

 

322.  9. Estos estados de ánimo negativos pueden darse en tres formas principales: primera, para que nos demos cuenta de nuestros descuidos y de que andamos haciendo muy a medias nuestros ejercicios; segunda, como una prueba, que nos ayude a medir nuestro aguante y nuestra resistencia en los momentos difíciles; y tercera, para que seamos realistas, y no creamos que todo va a ser siempre sencillo y grato, ni nos ilusionemos con entusiasmos que pueden acabarse, ni nos juzguemos demasiado capaces a nosotros mismos.

 

323. 10. En los momentos mejores es bueno prever cómo podrá reaccionar uno cuando pasen ellos y vengan los peores, y se ha de dar uno ánimo y fuerza para entonces.

 

324. 11. En los momentos de entusiasmo hay que ser realista y recordar los ratos de pesimismo y de desánimo; y al revés: en los malos ratos hay que acordarse de los buenos y convencerse de que uno puede salir adelante.

 

325. 12. Ante un estado de ánimo negativo, lo mejor es reaccionar con energía; porque si uno se va dejando llevar poco a poco, cada vez va siendo más difícil que reaccione y acaba por hacérsele casi imposible.

 

326. 13. Cuando uno se va atando y desviando y va perdiendo libertad y rumbo, es fácil que quiera que nadie sepa lo que le pasa o está haciendo, y que lo quiera tener todo como en secreto; porque en el fondo quisiera engañarse y sabe que una persona de buen juicio le estorbaría, ayudándole a desenmascarar su engaño y a comprender y corregir sus errores.

 

327. 14. Más fácilmente pierde uno libertad y dominio de sí en aquello en que es más débil o más inclinado a hacerse tonto, y por eso allí es donde más debe cuidarse.

 

329. 1. El camino de Jesús es de alegría profunda, y no de tristeza o confusión. Estas son contrarias a Jesús y proceden de engaños, falsedades o apariencias.

330. 2.  Una alegría y paz profunda e inesperada descubre la presencia de Jesús, que invita y atrae hacia lo suyo. Por “inesperada” se entiende que no venga de imaginaciones, sentimientos o razonamientos con que uno la ande procurando.

 

331. 3. Estos empeños nuestros (imaginaciones, razonamientos, etcétera) pueden dar origen a diversos tipos de entusiasmos y satisfacciones: unos que nos impulsan a la libertad en la causa de Jesús y otros que lo hacen en sentido contrario.

 

332. 4 Es muy común empezar con buen rumbo y terminar perdiéndolo, o empezar con libertad y terminar con ataduras, por no descubrir cómo uno mismo poco a poco se engaña.

 

333. 5 Hemos de estar muy atentos a los procesos de nuestros pensamientos y planteos: si de principio a fin son positivos, para seguirlos; pero si empiezan con buen rumbo y luego van desviándose, o se va perdiendo la verdadera libertad, o la tranquilidad y paz profundas, entonces habrá que resistirse a ellos.

 

334. 6. Cuando esto anterior sucede, ayuda mucho detenerse a revisarlo: cómo poco a poco se fue cayendo en el engaño y se fue perdiendo la libertad, y se fue uno apartando de Jesús y su causa; y cómo se perdió la alegría y la paz interiores; para así sacar lección de la experiencia, para cuando de nuevo se empiece a presentar el caso.

 

335. 7. A quien va siguiendo más y más el camino de Jesús, las invitaciones o llamados de él le parecen como connaturales, y los contrarios le resultan estridentes; y sucede a la inversa a quien no se domina a sí mismo y carece de libertad y rumbo.  Y la razón es clara: que algo entra con suavidad en lo que se le parece y choca con lo que le es contrario, como una gota de agua que de muy diversa manera cae en una esponja mojada o en una piedra.

 

336. 8. Cuando se dan la paz y alegría inesperadas, señales de la presencia de Jesús, hay que tener mucho cuidado, pasadas ellas, en el tiempo que sigue, en que uno queda como predispuesto por lo anterior. Porque muchas veces en este tiempo se le ocurren a uno cosas o proyectos que no son los de Jesús o aun son contrarios a él y a su causa; y para distinguir unos de otros hace falta detenerse mucho a examinarlos antes de darlos por válidos y comenzar a realizarlos.

 

Re-elaboración de Félix Palencia sj.