“¡SEMBRAR LA PAZ A GOLPE DE PROXIMIDAD!”
Palabras del papa Francisco que tocan el alma de nuestra don y misión.
Las actitudes, gestos y palabras de Jesús: del seno de la Trinidad al seno de la humanidad; del espacio seguro y cómodo al espacio incierto del camino; de la estructura y la norma al proceso de vida; del poder y el control al riesgo de la vulnerabilidad; de los vínculos seguros y cercanos a la audacia de la universalidad; de la exclusión y la perfección al desafío del encuentro.
En el centro de la proximidad está el tú, el prójimo.
Conocimiento/interés.
Comunión/encuentro.
Complementariedad/relación.
No es:
Confrontación/marginación.
Confusión/invisibilidad.
Condicionamiento/exigencia.
Apela al alma femenina:
Intimidad/conectarse.
Maternidad/involucrarse.
Sensibilidad/compadecerse.
Responde a los desafíos del tiempo:
La inseguridad de la iglesia.
La competitividad del feminismo unilateral.
La complejidad cultural.
Estos desafíos nos llevan a desconfiar y a defendernos.
2.1 Salir de sí mismo, es decir, abrirse al otro como don y complemento; acercarse, tomar la iniciativa, escuchar y dialogar. Reconocer que no somos ni omnipotentes, ni omnisapientes ni omnipresentes, que nos necesitamos para una mirada más completa y plena de nosotros mismos y de la vida. Esto supone un gesto de humildad muy grande.
2.2 Sanarse a sí mismo, es decir, abrirse a un camino de sanación y reconciliación si es necesario, de reconocer heridas o límites que impiden abrirse a los demás con gratitud y libertad. Elaborar las relaciones tocadas por la competitividad, la comparación o la confrontación. Percibir actitudes defensivas que nos hacen caminar por la vida levantando muros de distancia, exigiendo prerrogativas o derechos, haciéndonos dependientes en nuestras exigencias o carencias, o huir de lo que no asumimos, no integramos ni aceptamos. Reconocer que todos somos vulnerables y necesitamos sanar.
3.1 Proximidad con la realidad, arriesgándonos y abriéndonos a nuevos desafíos, procesos y etapas, especialmente a los cambios. Este abrirse lleva a un permanente ejercitarse en el ejercicio de aproximarse y a un desarrollo de la propia persona y personalidad.
3.2 Proximidad con nosotros mismos: entrar en diálogo con nuestras emociones, nuestros anhelos y desafíos, nuestros límites y posibilidades, nuestras fortalezas y debilidades, nuestras heridas y carencias, nuestra historia y nuestra originalidad. El ejercicio de un adecuado dominio y entrega de sí, a través del conocimiento y aceptación de sí mismo.
3.3 Proximidad con quienes nos rodean: abrirse a la alteridad, reconociendo la posibilidad de conocimiento, de complemento y enriquecimiento en la proximidad con los demás (el estar en, con, para y por el otro). La apertura al otro no nos disminuye o amenaza, más bien nos desafía y renueva en la actualización y actualidad de nuestro ser y misión, a partir de la confrontación y complemento con la realidad.
Algunas preguntas: